
1. Rentabilidad, rentabilidad, rentabilidad. ¡Ya! Si queremos encontrar la rentabilidad inmediata de nuestra inversión, definitivamente, el Social Media, no es el canal adecuado para ello. En los medios sociales establecemos una relación directa, bidireccional y retroalimentada con nuestro público, intentando ganarnos su respeto y confianza. Después, fruto de esta unión, podrán derivarse grandes beneficios comerciales, pero será a medio-largo plazo. Si lo que buscas es rentabilidad inmediata, invierte en publicidad, pero no a realices acciones en Social Media. Aquí tienes consumidores que quieren conversar contigo. Si sólo vas a vender, éste no es tu campo.
2. Dispersión. Abrimos una Fan Page en Facebook, después, nos da por abrir una cuenta en Twitter, una página de empresa en LinkedIn, un canal en Youtube y… hasta una página en Tuenti, ¿por qué no? Al final tenemos presencia en un montón de redes sociales, pero en cada una damos un mensaje diferente, y no damos a la gente la oportunidad de que sepan de nuestra existencia en otros soportes. Cada una actúa de una manera diferente, sin objetivos ni políticas de actuación marcadas. Gran error. Todos los soportes en los que comuniquemos han de estar, de alguna forma, enlazados entre sí. Cada uno ha de transmitir nuestros mensaje de manera completa y unívoca, pero no ha de renunciar a completarse con otras redes sociales para hacer nuestro mensaje aún más eficaz. Nuestras cuentas entre redes sociales han de comunicar cada una de manera independiente, pero colaborar y reforzar nuestro mensaje de manera global.
3. No monitorizar. ¿IOR? ¿Y eso qué es? Igual que en una estrategia de marketing no dejaríamos de perseguir el ROI, en Social Media hemos de estar cada día pendientes del Impact of Relationship (IOR) o, lo que es lo mismo, qué repercusión y qué aceptación social están teniendo nuestras acciones. Contabiliza los RT, el número de visualizaciones de vídeos, los “me gusta”, comentarios en blog y redes, suscripciones RSS, DM… Todo aquello que te permita parametrizar y convertir en números tu actividad social. Es la mejor manera de saber si tu campaña está teniendo éxito, conocer a tu público y darle lo que quiere.
4. No utilizar la red social adecuada para tu público. Muchas veces escuchamos, “en Facebook hay que estar”. Una red social con más de 600 millones de usuarios, una desorbitada repercusión mundial… Sí, está bien, ¿pero está ahí nuestro público? Si queremos contactar con profesionales es mucho mejor ir a LinkedIN o Xing, si buscamos dar de lleno con el público español adolescente, apostemos verdaderamente por Tuenti… Conclusión, pensemos primero qué público está detrás de cada red social y no elijamos todas porque sí, sino aquellas en las que verdaderamente vamos a encontrar a nuestro target.
5. Cantidad vs Calidad. Esta relación pasa en dos sentidos. Cantidad de redes sociales en las que estamos presentes y cantidad de fans. Muchas veces creemos que por estar en más redes sociales vamos a ser más efectivos. Esto no es así. Seremos más efectivos si las redes sociales que elegimos son en las que se encuentra nuestro público. En lo que al número de fans y seguidores se refiere pasa lo mismo. Cuanto más, mejor. Otro error, lo importante es, dentro de ese número de seguidores, cuántos son nuestros verdaderos clientes o clientes potenciales. Busquemos calidad y efectividad, no sólo números desorbitados.
6. No tener preparado un plan de crisis. Y si las cosas se tuercen, ¿qué? Establece un plan de crisis bien detallado. Tu Community Manager va a estar en contacto directo con tu público. Haz que sea consciente de la situación real de la empresa, que sepa cuáles son los temas que puedan generar una crisis o un problema comunicativo y, sobre todo, dile a quién ha de recurrir cuando haya cualquier problema. Te ahorrarás disgustos, tenlo por seguro.
7. Pensar que el Social Media es igual que cualquier otro medio. Craso error. Un pequeño repasito al Manifuesto Cluetrain te dirá de qué estamos hablando. Si no, pregúntaselo a tu Community y, sobre todo, escúchale.
8. La inexistencia de una estrategia. Esta es la mejor y la más frecuente. Lo más habitual es introducirnos en Social Media con acciones descoordinadas, fruto del azar y del “prueba a ver qué pasa”. Parémonos a pensar qué queremos, a quién vamos a dirigirlo y cuál es la mejor forma de hacerlo. Planifiquemos, pensemos. Es el tiempo mejor invertido.
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