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Manual para hacer una revolución con Facebook

Escrito por LuisT. Esta entrada fue publicada en Casos prácticos, Redes sociales y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

En lo poco que llevamos de año, ya ha caído el régimen dictatorial de Ben Alí en Túnez y los disturbios de Egipto condicionan gravemente la continuidad de Hosni Mubarak al frente del gobierno egipcio. Otros países árabes, como Yemen, Argelia o Jordania, se han visto obligados a emprender reformas profundas en sus estructuras políticas para aplacar a los manifestantes. Todas estas revueltas populares se caracterizan por estar protagonizadas no por partidos de oposición, sino directamente por los ciudadanos de cada país, hartos ya de tantos años de leyes represivas. En este sentido, Facebook ha tenido un papel fundamental para coordinar fuerzas.

Y es que las redes sociales están consiguiendo cada vez más poder y capacidad de influencia. Por poner un ejemplo, en el propio Egipto, nación de 84 millones de habitantes de los que más de la mitad no llega a 30 años, casi 7 millones de personas se conectan a Facebook en sus distintas versiones (árabe, inglés, francés). El crecimiento de usuarios de la Red en todo el ámbito musulmán crece año a año.

Los casos pioneros, el tunecino y el egipcio, pueden usarse como modelo para organizar el proceso revolucionario. Si bien es cierto que los hechos comenzaron en Túnez con un acontecimiento ocurrido fuera de la red (el suicidio público de un humilde vendedor de fruta a quien le habían prohibido su único medio de subsistencia), a partir de ahí las movilizaciones se han coordinado a través de Internet, un medio mucho más difícil de controlar y censurar que los canales tradicionales. A grandes rasgos los opositores han basado su acción en estos puntos:

  • Información. La base para que funcione cualquier revuelta es que la población a la que se pretende levantar sea consciente de la opresión que sufre y nazca en ella el deseo de liberarse. El famoso suicidio del frutero tunecino no habría pasado de ser un hecho aislado si la Red no se hubiera hecho eco de la noticia y, sobre todo, de las razones que le llevaron a acabar así. Gracias a Facebook, en poco tiempo mucha gente pudo enterarse de lo ocurrido (algo imposible a través de los censuradísimos medios de comunicación tradicionales). De esta manera, la sensación de descontento se multiplicó con rapidez.
  • Organización de manifestaciones y huelgas. La simple sensación de descontento no sirve para mucho si no se materializa en acciones concretas. De nuevo, la Red ejerce un impagable papel de coordinación: si hay millones de disidentes pero cada uno protesta por su cuenta, el efecto de esta oposición será fácil de controlar y se diluirá rápidamente. Pero si la población está organizada, acuden todos a protestar a los mismos espacios, la sensación de fuerza (y por tanto los resultados que consigan) serán mucho mayores, hasta el punto de llegar a paralizar un país entero. Ningún otro medio como las redes sociales ha demostrado, hasta la fecha, ser tan eficaz para aglutinar a ambas capas de población escapando a los férreos controles oficiales.
  • Búsqueda de apoyos extranjeros. Contar con ayuda en el exterior suele ser un factor importante para que una revolución triunfe. Sirve tanto como refuerzo moral (sensación de los manifestantes de no estar solos en su lucha) como, incluso, para obtener soporte material (si la opinión pública de un país desarrolla una corriente de solidaridad hacia los rebeldes, será más probable que el Gobierno de ese país acceda a apoyarles, ya sea de forma financiera, logística o diplomática). Para ello, es imprescindible hacer saber al exterior por qué se lucha: informarles de la situación real y convencerles de la necesidad del cambio. Una vez más, la Red, al comunicar en tiempo real el planeta entero, se convierte en una herramienta extremadamente eficaz para alcanzar este objetivo.
  • Contagio a otros países. Ver que las protestas en un territorio tienen éxito puede motivar a los disidentes de otra región a luchar por su causa. Gracias a Internet, y muy especialmente a tecnologías como las redes sociales o los blogs que permiten la comunicación directa entre individuos sin las limitaciones que sufren los medios de comunicación tradicionales en los regímenes totalitarios, los opositores de un país pueden ver lo que ha pasado en otros y tomar ejemplo para desempeñar las mismas acciones. Es lo que ha pasado, por ejemplo, en el propio Egipto, que se alzó tras comprobar que en Túnez tuvieron éxito.

El inconveniente principal es que, poco a poco, las dictaduras están empezando a ser conscientes del potencial, y por tanto el peligro, que representa la Red para su supervivencia, y en algunos casos (el mismo Egipto es un buen ejemplo) optan por medidas extremas como restringir el acceso a la población. No obstante, debido al carácter de Internet, que favorece las comunicaciones personales directas, normalmente cuando se adopta esta medida el proceso revolucionario ya está en marcha y es muy difícil de parar. Además, cortar una vía de comunicación a un pueblo ya levantado contra sus dirigentes no hará más que enfurecer aún más a las masas contra el gobierno opresor que sufren.

Los países musulmanes han sido los pioneros en usar Facebook y las demás redes para quitarse de encima dictaduras. No cabe duda de que no serán los últimos: Asia y el África subsahariana tienen todas las papeletas para tomar el relevo, aunque sea a medio o largo plazo. Confiemos en que las nuevas tecnologías, por fin, sean realmente útiles para hacer de éste un mundo más justo.

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