- El branded content crea contenidos propios alineados con los valores de marca para generar vínculos emocionales y recuerdo a largo plazo.
- Se diferencia de la publicidad tradicional y del marketing de contenidos porque prioriza el entretenimiento, la emoción y la experiencia sobre la venta directa.
- Ofrece ventajas en fidelización, notoriedad y SEO, aunque exige inversión, planificación estratégica y storytelling de alta calidad.
- Casos como Red Bull, Dove, Spotify o Estrella Damm muestran el potencial del contenido de marca como herramienta central del branding moderno.

El branded content se ha colado en el día a día del marketing hasta convertirse en una pieza clave para las marcas que quieren dejar huella más allá del anuncio de turno. En un entorno saturado de impactos publicitarios, los usuarios ignoran los banners, saltan los anuncios en vídeo y usan bloqueadores, así que las empresas han tenido que buscar una alternativa más respetuosa, memorable y, sobre todo, útil o entretenida para las personas.
En este contexto, el contenido de marca se presenta como una forma de crear historias, experiencias y formatos propios que conectan con los valores de una empresa y con las emociones del público. No se trata solo de vender, sino de generar afinidad, conversación y recuerdo de marca a largo plazo, integrando entretenimiento, información o inspiración en piezas que la gente quiera consumir voluntariamente.
¿Qué es realmente el branded content?
El branded content (o contenido de marca) es una estrategia en la que la propia marca produce o financia contenidos originales -normalmente de tipo informativo, educativo, de concienciación o de entretenimiento- que están fuertemente vinculados a sus valores, propósito y personalidad, pero sin comportarse como un anuncio tradicional. El foco no está en describir las características del producto, sino en ofrecer algo valioso que el público quiera ver, leer o escuchar.
A diferencia de una campaña puramente promocional, el contenido de marca persigue que el usuario asocie la marca a determinadas emociones, ideas o experiencias. Puede ser un vídeo inspirador, una miniserie de ficción, un podcast, un documental, una guía práctica o incluso un evento o experiencia física. Lo importante es que sea la marca quien está detrás del concepto y la producción, y que el mensaje encaje con su identidad.
Históricamente, el branded content no es algo completamente nuevo. Desde los primeros programas de radio y televisión patrocinados por marcas -como «Colgate Comedy Hour», «Hallmark Hall of Fame» o «Westinghouse Studio One»- ya existían espacios de entretenimiento controlados por anunciantes, en los que la marca financiaba el contenido y lo integraba con demostraciones de producto y menciones de su portavoz.
Con el tiempo, estos formatos evolucionaron y el modelo de patrocinio único se fue diluyendo, sobre todo tras los escándalos de concursos amañados en los años 50 en Estados Unidos, donde se destapó que algunos programas habían sido manipulados a petición de los patrocinadores. A partir de ahí, las cadenas empezaron a controlar la programación y a vender bloques publicitarios en lugar de ceder toda la producción a una sola marca.
Por qué el branded content se ha vuelto imprescindible
El auge del branded content en la era digital responde a varios cambios del comportamiento del usuario y del propio ecosistema publicitario y a nuevas prácticas de medición de audiencias. Las personas consumen contenido bajo demanda, eligen qué ver y cuándo hacerlo, y desarrollan una fuerte resistencia a la publicidad intrusiva. En ese escenario, ofrecer contenido interesante firmado por la marca es una vía para recuperar su atención.
Por un lado, permiten esquivar en parte la ceguera publicitaria y el uso masivo de ad blockers, porque el usuario no siente que esté frente a un anuncio, sino ante una pieza que le aporta algo: una historia emocionante, una reflexión social, una charla inspiradora o una experiencia divertida. El consumo se da de forma voluntaria y muchas veces orgánica, sin necesidad de formatos invasivos.
Además, las estrategias de contenido de marca son muy potentes para construir una identidad sólida en mercados saturados. Cuando hay miles de productos compitiendo en precio y prestaciones, lo que realmente diferencia a una marca es el universo simbólico que construye alrededor: qué defiende, qué emociones genera, de qué temas habla y qué tipo de historias cuenta.
En la práctica, cada vez más empresas destinan una parte relevante de su presupuesto al branded content. Informes como el Content SCOPE muestran que una gran mayoría de compañías ya realiza acciones de este tipo y que la inversión va en aumento, precisamente porque se percibe como un elemento clave del branding y de la fidelización, más que como una táctica puntual.
Características esenciales del branded content
Un buen contenido de marca comparte una serie de rasgos comunes, independientemente del formato o del sector al que pertenezca la marca. Estas características lo diferencian de la publicidad convencional y explican por qué logra tanta conexión con el público.
Para empezar, debe ofrecer un valor claro al público. Ese valor puede ser informativo (datos, consejos, explicación de un tema), de entretenimiento (humor, narrativa, juego) o emocional (empatía, inspiración, consciencia social). Lo relevante no es que hable del producto, sino que la audiencia lo perciba como algo que merece la pena.
También es fundamental que tenga un objetivo comunicativo bien definido. No se trata de llenar canales con cualquier cosa, sino de usar el contenido para transmitir una visión, unos valores o un concepto de marca determinado: autoestima, sostenibilidad, innovación, igualdad, aventura, etc.
Otra cualidad clave es su potencial de impacto social y viralidad. El branded content, por naturaleza, pretende generar conversación: que la gente lo comente, lo comparta, lo recomiende. Para ello suele tocar temas sensibles, relevantes o muy cercanos al día a día de su audiencia.
En cuanto a la producción, requiere un enfoque estratégico y un alto nivel de creatividad. No es improvisar un vídeo y subirlo a redes; hay una planificación detrás, un posicionamiento de marca que se quiere reforzar y una narrativa pensada para un público concreto. El mensaje debe ser vivencial, conectar con necesidades, aspiraciones o problemas reales del target.
- Valor para la audiencia: contenido que gusta, emociona o ayuda.
- Objetivo claro: refuerzo de valores, propósito o posicionamiento.
- Impacto social: capacidad de generar conversación e incluso debate.
- Estrategia: planificación a medio y largo plazo, no solo acciones sueltas.
- Relevancia vivencial: se relaciona con experiencias cercanas al público.
- Creatividad: concepto potente, formato cuidado y ejecución diferencial.
Ventajas y desventajas del branded content
El branded content ofrece beneficios que van mucho más allá de un pico de ventas puntual, aunque también tiene limitaciones que conviene tener en cuenta para no frustrarse con las expectativas.
Entre sus ventajas, destaca que fortalece la lealtad de los clientes y favorece las relaciones de largo plazo. Al construir un vínculo emocional con la marca, el usuario la tiene más presente cuando surge una necesidad, confía más en ella y se siente parte de su comunidad. Esta afinidad termina influyendo en las ventas, pero como consecuencia, no como objetivo directo y único.
Además, aumenta de manera notable el reconocimiento y la diferenciación de marca. Un buen contenido de marca suele ser recordado durante años (como las campañas de Dove o Red Bull), algo que difícilmente consigue un anuncio estándar. Al ser compartido y comentado, amplifica el alcance y refuerza la notoriedad.
Desde el punto de vista digital, tiene un efecto positivo en el SEO y en las redes sociales. Los contenidos originales, creativos y altamente compartibles atraen enlaces, menciones y tráfico orgánico, lo que mejora la visibilidad en buscadores y el rendimiento del resto de acciones de marketing. También genera atracción indirecta: la gente llega a la marca por el contenido, no por la publicidad.
Por último, abre un gran espacio de libertad creativa. Las marcas pueden experimentar con formatos, duraciones, géneros y plataformas, desde documentales largos a pequeñas piezas para Instagram o TikTok, pasando por podcasts, miniseries o experiencias híbridas online/offline.
- Ventajas
- Refuerza la fidelidad y el vínculo emocional con la marca.
- Incrementa el reconocimiento y la diferenciación frente a la competencia.
- Mejora el SEO y el performance social gracias a un contenido muy compartible.
- Respeta al usuario, que elige qué contenido consumir.
- Genera atracción indirecta hacia productos y servicios.
- Permite explorar ideas creativas que la publicidad estándar no admite.
- Desventajas
- No es la mejor opción si se busca resultado inmediato en ventas.
- Requiere inversión relevante en producción y creatividad para destacar.
- No suele estar presente de forma continua en medios pagados, sino en momentos concretos.
- Exige un storytelling de alto nivel para que el público lo consuma por gusto.
Branded content vs. publicidad tradicional
La diferencia más evidente entre publicidad convencional y branded content es el enfoque. La publicidad clásica suele ser directa: habla del producto, de su precio, de sus prestaciones y busca generar una venta lo antes posible. Se compra espacio en medios y se impacta a la audiencia, lo quiera o no.
En cambio, el branded content sustituye el mensaje intrusivo por contenidos que atraen al usuario. La marca no irrumpe en medio de lo que la persona está viendo; lo ideal es que esa persona elija, por voluntad propia, consumir la pieza de branded content porque le apetece. La marca está presente, pero de forma orgánica dentro de la historia o del formato.
Otra diferencia clave es el horizonte temporal: las campañas publicitarias suelen pensarse a corto plazo, ligadas a lanzamientos, promociones o periodos concretos, mientras que el contenido de marca apunta a construir relaciones estables a medio y largo plazo. Lo que se busca es recuerdo, afinidad y posicionamiento en la mente del consumidor.
Además, la motivación final de la publicidad es la conversión directa: que la persona compre, reserve, descargue o contrate. En el branded content, el objetivo principal es conseguir compromiso y lealtad, dejar una huella positiva asociada a la marca. La venta se produce después, cuando el consumidor necesite algo que esa marca ofrece y la recuerde con buena predisposición.
En realidad, ambas estrategias son complementarias. Se pueden usar a la vez en un plan de marketing bien armado: la publicidad empuja las conversiones en momentos concretos, mientras el contenido de marca construye el terreno de confianza, afinidad y notoriedad sobre el que esas conversiones serán mucho más probables.
Diferencias entre branded content y marketing de contenidos
Branded content y marketing de contenidos se parecen, pero no son lo mismo. Las dos líneas huyen de la publicidad invasiva y ponen el foco en aportar valor al usuario, pero difieren en su lógica, sus objetivos y en cómo se produce el contenido.
En el branded content, la marca crea o financia piezas originales pensadas como producto de entretenimiento, inspiración o concienciación. Lo habitual es que el contenido sea propio (no curado de terceros), y esté muy alineado con los valores de la marca. El objetivo estratégico es posicionarla en un territorio concreto, asociarla a ciertas emociones y reforzar su liderazgo o diferenciación.
En el marketing de contenidos, el foco está en ofrecer contenido informativo útil que acompañe al usuario en su proceso de compra. Se publican artículos, guías, ebooks, infografías, tutoriales o newsletters que resuelvan dudas prácticas, atraigan tráfico cualificado y generen leads, en un marco normalmente inbound. Aquí sí puede entrar la curación de contenido ajeno, siempre que se aporte valor.
La intención del marketing de contenidos es, sobre todo, mejorar el alcance orgánico, la percepción de autoridad y la conversión. Si una empresa publica de forma constante buenos contenidos informativos sobre un tema, se la empieza a ver como referente, lo que aumenta la confianza y eleva las probabilidades de que los usuarios acaben siendo clientes.
Resumiendo: el branded content apela sobre todo a las emociones y a la construcción de imagen de marca, mientras que el marketing de contenidos se concentra en el aspecto más racional e informativo, y en conducir al usuario desde la búsqueda inicial hasta la decisión de compra. Lo inteligente suele ser combinar ambos enfoques en una misma estrategia.
Tipos de branded content según su objetivo
El branded content puede adoptar múltiples formas, pero una clasificación útil es la que se basa en su objetivo principal. Desde ahí podemos distinguir varios tipos habituales que muchas marcas usan en sus planes de contenido.
Por un lado, está el branded content informativo o editorial. En este caso se generan piezas similares a reportajes, artículos largos, entrevistas o incluso formatos cercanos al periodismo de marca. No tienen por qué seguir las normas del periodismo tradicional, pero sí aspiran a aportar información o contexto relevante sobre un tema relacionado con la marca.
Otro gran bloque es el branded content de entretenimiento, que se apoya en formatos audiovisuales como películas, cortometrajes, series web, videojuegos, apps o realities online. La prioridad absoluta es que el usuario se divierta: la marca se integra en el universo de la historia, pero no interrumpe el relato con mensajes comerciales evidentes.
También existe un tipo perceptivo o emocional, centrado en generar empatía y conexión afectiva. Se trabaja mucho con recursos cinematográficos, documentales, música o proyectos artísticos, para que la audiencia sienta que comparte valores o experiencias con la marca, más que recibir un discurso racional.
Por último, encontramos el branded content educativo o de concienciación, en el que la marca se posiciona en torno a determinadas causas o valores (sostenibilidad, igualdad, salud, diversidad, etc.). Suele usar formatos como el storytelling documental, los experimentos sociales o las charlas inspiradoras, con el objetivo de sensibilizar al público y vincular la marca a un impacto positivo.
Cómo diseñar una campaña de branded content efectiva
Montar una buena campaña de branded content no va solo de tener una idea brillante; hace falta método, estrategia y un conocimiento profundo de la audiencia a la que nos dirigimos. Si no, por muy bonito que sea el vídeo, se quedará en un fogonazo sin impacto real.
El primer paso imprescindible es entender a fondo los puntos de dolor, necesidades y motivaciones del público objetivo. Hay que investigar qué le preocupa, qué le inspira, qué tipo de historias consume y en qué plataformas pasa más tiempo. Esto permite diseñar contenidos que encajen de verdad con sus intereses y con su contexto.
A partir de ahí, se definen los objetivos de la campaña: qué queremos reforzar (percepción de liderazgo, empatía, innovación, compromiso social…), qué métricas van a indicar que vamos por el buen camino (visualizaciones, tiempo de visionado, búsquedas de marca, menciones, leads, etc.) y cómo se va a integrar con el resto de acciones de marketing (publicidad, redes, SEO, PR).
Después llega la fase de elegir formatos y plataformas adecuados. No es lo mismo producir una serie documental para YouTube que un podcast, una campaña social en Instagram o un evento físico acompañado de cobertura digital. Hay que seleccionar aquellos canales donde esté el público y adaptar el contenido a los códigos de cada uno.
Por último, es clave pensar en la distribución y amplificación del contenido. Un error común es invertir todo el presupuesto en producir la pieza y dejar prácticamente vacío el capítulo de difusión. Para que el branded content alcance a la audiencia deseada, habrá que apoyarlo con acciones de paid media, colaboraciones con medios o creadores, SEO, email marketing o acciones en la propia base de datos de clientes.
Origen e historia del branded content
Aunque el término sea moderno, el branded content lleva más de un siglo entre nosotros. Uno de los primeros ejemplos de libro de texto es la Guía Michelin, creada en 1900 por André Michelin. En un principio, era una guía para ayudar a los conductores mientras esperaban el cambio de rueda o durante sus viajes, con mapas, talleres y consejos. Con el tiempo se transformó en un referente gastronómico mundial, pero desde el inicio reforzaba la relación entre la marca Michelin y la experiencia de viajar en coche.
Otro caso temprano muy citado es el de Popeye y los productores de espinacas en 1929. La Cámara de Productores de Espinacas impulsó la creación del famoso marinero para fomentar el consumo de esta verdura entre la población infantil. El personaje asociaba las espinacas con fuerza y buena salud, de forma mucho más eficaz que cualquier anuncio convencional.
Ya en la era de la radio y la televisión, muchos programas estaban financiados y controlados directamente por sus patrocinadores, que daban nombre al espacio y aprovechaban la emisión para integrar sus mensajes y productos. Más tarde, el modelo se fue transformando, pero el germen del contenido de marca estaba ahí.
En décadas recientes, han aparecido nuevos hitos que han consolidado el branded content moderno: desde miniseries como «The Hire» de BMW hasta grandes proyectos de entretenimiento y deporte creados por Red Bull, pasando por documentales, películas o videojuegos financiados por marcas que ya no se limitan a poner su logo, sino que participan activamente en la producción.
Casos de éxito icónicos de branded content
Para entender el verdadero potencial del branded content, nada mejor que revisar algunos ejemplos reales que han marcado tendencia y han demostrado que una buena historia puede disparar el recuerdo y el cariño hacia una marca.
Uno de los más conocidos es el salto estratosférico de Red Bull Stratos. La marca no se dedicó a enseñar latas de bebida energética, sino a organizar y retransmitir un hito científico y deportivo: el salto desde la estratosfera de Felix Baumgartner. Ciencia, riesgo extremo y espectáculo en directo, con la marca en el centro de una experiencia que encajaba a la perfección con su discurso de romper límites.
Otro caso que se ha vuelto casi obligatorio en todas las listas es Dove con sus campañas sobre belleza real y autoestima. En «Retratos de belleza real», un artista forense dibujaba a mujeres a partir de cómo se describían ellas mismas y de cómo las describían otras personas. La diferencia entre ambas versiones ponía de manifiesto la dureza con la que muchas mujeres se juzgan. La marca generó debates globales sobre autoimagen sin centrarse en jabones o cremas, sino en valores.
Always también apostó por transformar representaciones peyorativas en mensajes de empoderamiento femenino, especialmente con campañas como «Like a Girl». Su contenido se centraba en desmontar estereotipos y reforzar la confianza de las adolescentes, vinculando la marca a un rol activo en la lucha por la igualdad.
En el terreno de la banca, BBVA ha desarrollado «Aprendemos Juntos», una serie de entrevistas y charlas educativas e inspiradoras con docentes, científicos, artistas o deportistas. Más que hablar de productos financieros, el banco se posiciona como un agente que impulsa la educación y el desarrollo personal, generando un enorme volumen de contenido de alto valor para familias y docentes.
Spotify con «Wrapped» ha convertido los datos de escucha de cada usuario en un espectáculo compartible: un resumen anual personalizado de lo que has oído, con gráficos, rankings y curiosidades. Es contenido útil y divertido que refuerza el vínculo emocional con la plataforma y que miles de personas comparten en redes cada año sin que nadie se lo pida.
En el ámbito audiovisual más clásico, BMW innovó con su serie de cortometrajes «The Hire», dirigida por cineastas de renombre y protagonizada por actores conocidos. Los coches de la marca aparecían integrados en tramas de acción, intriga o drama, en piezas que el público veía como cortos de calidad más que como anuncios. El éxito fue tal que acumuló más de 100 millones de visualizaciones y ganó premios tanto en publicidad como en cine.
La cervecera Estrella Damm ha apostado por cortometrajes veraniegos, rodados en entornos idílicos del Mediterráneo, con historias sobre segundas oportunidades, amistades, amor y pequeños placeres. La cerveza aparece en escenas cotidianas, pero el foco está en el modo de vida que la marca quiere asociar a su producto: disfrutar el momento y la buena compañía.
Red Bull Media House merece mención aparte por su estrategia integral de branded content
La compañía ha creado un auténtico ecosistema de medios propio: eventos de deportes extremos (Red Bull Air Race, Crashed Ice, Batalla de Gallos, competiciones para gamers), un canal de vídeo (Red Bull TV), revistas como «The Red Bulletin» y producciones documentales y de entretenimiento relacionadas con música y deporte. Lo que venden no son solo bebidas, sino un estilo de vida ligado a la adrenalina y la cultura urbana.
Ejemplos como los de Vans, que produce documentales sobre figuras del skate como Max Barrera, o IKEA, que lanza campañas como «La acción climática empieza en casa» con contenido sobre sostenibilidad en el hogar, muestran cómo marcas muy distintas pueden apropiarse de territorios emocionales o sociales mediante contenido, y no solo con anuncios.
Tampoco hay que olvidar proyectos de ONG y marcas con foco social, como Water for Africa, que acompañó a Siabatou Sanneh corriendo el maratón de París con su atuendo tradicional y un bidón de agua, visibilizando los kilómetros diarios que recorren millones de mujeres para conseguir agua potable. Ese gesto generó una potente pieza de branded content social, con una marca y una causa en el centro.
En otros casos, empresas como Airbnb han promovido documentales como «Gay Chorus Deep South», alineados con sus valores de diversidad y pertenencia, o iniciativas como (RED), que trabaja con marcas como Apple o Jeep para lanzar productos y campañas cuya narrativa gira en torno a la lucha contra enfermedades como el VIH o la COVID en zonas vulnerables.
No todos los intentos salen bien: FIFA con la película «United Passions» intentó lavar su imagen contando una versión épica y autocongratulatoria de su historia, pero el resultado fue un desastre de crítica y taquilla. Sirve como recordatorio de que el branded content debe ser auténtico, relevante y de calidad; si se percibe como autopropaganda barata, el efecto puede ser el contrario al deseado.
Branded content como salida profesional: formación y roles
El crecimiento del branded content ha creado un nicho profesional específico para perfiles capaces de diseñar, producir y gestionar este tipo de proyectos. Las marcas buscan cada vez más especialistas que entiendan tanto de estrategia de marca como de narrativa, producción audiovisual y entornos digitales.
Por eso proliferan cursos, posgrados y másteres centrados en contenido de marca, donde se trabaja desde la conceptualización creativa hasta la planificación, la distribución y la medición de resultados. Es importante fijarse en que el profesorado tenga experiencia real en proyectos de branded content y que la formación incluya prácticas en empresas o agencias.
Escuelas creativas y de negocio ofrecen módulos online con masterclasses específicas de creative branded content, enseñando a construir ideas que encajen con la filosofía de la marca y con los formatos actuales de consumo, así como a colaborar con productoras, medios y plataformas.
Entre las salidas habituales encontramos perfiles como Branded Content Specialist o Branded Content Manager, responsables de idear, coordinar y ejecutar proyectos de contenido asociados a la estrategia de marketing. También se abren oportunidades en agencias creativas, departamentos de marketing digital, productoras y áreas de comunicación corporativa.
En estos roles, las funciones van desde la investigación del público y la definición de conceptos creativos hasta la coordinación de guionistas, realizadores, diseñadores o influencers, pasando por la gestión de presupuestos y la evaluación de resultados mediante métricas cualitativas y cuantitativas.
Claves para crear un buen contenido de marca
Para que un branded content funcione de verdad, no basta con que sea bonito; tiene que ser relevante y coherente. Hay varios principios prácticos que conviene tener presentes a la hora de diseñar cualquier pieza o campaña.
En primer lugar, la originalidad y el dinamismo son esenciales. El contenido debe distinguirse de lo que ya está circulando y aportar un enfoque propio, ya sea en la forma de contar la historia, en el punto de vista o en el formato elegido. Si parece una copia de otra campaña famosa, perderá fuerza rápidamente.
También es fundamental adaptar el contenido a los diferentes dispositivos y plataformas. La mayoría del consumo se realiza desde el móvil, así que hay que pensar en duraciones, formatos verticales u horizontales, subtítulos, velocidad de consumo y posibilidades de interacción. Un mismo concepto puede tener versiones distintas para YouTube, Instagram, TikTok o un site propio.
Otro aspecto crítico es la personalización para el público objetivo. Cuanto más se conozca al target, mejores serán las decisiones sobre tono, referencias culturales, ritmo o tipo de conflicto que se presenta en la historia. Esto pasa por estudiar a fondo los intereses, comportamientos y contexto de la audiencia, en lugar de hablar de forma genérica para «todo el mundo».
Además, el contenido debe entretener, emocionar y, si es posible, aportar información útil. No tiene por qué ser educativo en sentido estricto, pero sí debería dejar algo en el espectador: una reflexión, una sonrisa, una idea nueva, una sensación de pertenencia o de comprensión.
Por último, es importante que el objetivo principal no sea vender un producto de manera directa. Si el espectador siente que el único propósito de la pieza es colocarle una oferta, el efecto de fidelización se desinfla. La venta es una consecuencia de una relación de confianza bien construida, no el punto de partida del contenido.
Con todo lo anterior, el branded content se ha consolidado como un aliado estratégico del marketing y del branding: permite a las marcas conectar con las personas de forma menos invasiva, generar conversaciones significativas, reforzar sus valores y construir una identidad memorable en un entorno saturado de mensajes comerciales, a la vez que abre nuevas oportunidades profesionales para quienes sepan unir creatividad, narrativa y visión de negocio.
