- Los Dots son agentes persistentes basados en GPT-6 Astra con capacidad para ejecutar tareas autónomamente mediante un ordenador y navegador propios en la nube.
- Se integran en flujos de trabajo empresariales a través de Slack, Teams y ChatGPT, permitiendo la delegación de proyectos continuos y proactivos.
- Su acceso está restringido a planes Pro, Business Premium y Enterprise, con sistemas de control de permisos y reglas personalizables para garantizar la seguridad.
Imagínate tener un compañero de equipo que no descansa, que no necesita que le estés dando instrucciones cada cinco minutos y que, básicamente, se encarga de los marrones mientras tú te centras en lo importante. Eso es exactamente lo que OpenAI ha puesto sobre la mesa con la llegada de Dots, una evolución radical que deja atrás el concepto de chatbot tradicional para darnos agentes de IA persistentes que actúan por cuenta propia.
No estamos hablando de una simple mejora de ChatGPT, sino de un salto hacia el software empresarial puro y duro. Estos agentes no se quedan esperando a que les preguntes algo, sino que mantienen proyectos vivos y avanzan en sus objetivos aunque apagues el ordenador, convirtiéndose en una especie de extensión digital del trabajador que gestiona accesos y permisos de forma independiente.
¿Qué demonios es un Dot y cómo funciona técnicamente?

Para entenderlo fácil, un Dot es un agente «siempre activo». A diferencia de los GPTs personalizados que solo responden cuando los invocas, un Dot tiene una misión a largo plazo. Para lograrlo, OpenAI los ha dotado de un entorno informático propio en la nube, que incluye su propio navegador y capacidad para ejecutar código. Esto significa que el agente puede navegar por la web, rellenar formularios y operar servicios en tu nombre sin tocar tu hardware local, aunque puedes conectar tu propio equipo si te sientes cómodo con ello.
El cerebro que mueve todo esto es el modelo GPT-6 Astra. Gracias a esta arquitectura, los Dots pueden conectarse a más de 4.000 aplicaciones mediante plugins, lo que les permite hacer desde redactar propuestas comerciales basadas en entrevistas hasta corregir errores de software. Lo más potente es que aprenden de tus correcciones; cuanto más interactúas con tu Dot, mejor entiende tus manías y preferencias personales.
La diferencia entre un Dot, un GPT y ChatGPT Work

Es normal liarse con tanta nomenclatura, pero la clave está en quién lleva la iniciativa. Un GPT es básicamente un asistente con instrucciones fijas que solo actúa bajo demanda. Por otro lado, ChatGPT Work es una herramienta para ejecutar una tarea concreta y cerrarla una vez entregado el resultado.
El Dot, en cambio, es proactivo. Puede gestionar objetivos que duran días o semanas, coordinando tareas en segundo plano y delegando el trabajo pesado en Work o Codex cuando es necesario. Además, puede mantener actualizados los espacios de trabajo compartidos (ChatGPT Space), asegurando que todo el equipo tenga la información al día sin que nadie tenga que mover un dedo.
La investigación proactiva y los límites de seguridad

Una de las funciones que más ruido está haciendo es la llamada «investigación proactiva». Básicamente, el agente vigila tus aplicaciones conectadas para detectar novedades que te interesen. Sin embargo, para evitar que la IA se vuelva loca, OpenAI ha implementado un modo de solo lectura para estas búsquedas: el Dot puede leer y anotar, pero no puede enviar mensajes ni modificar datos sin permiso.
Para dormir tranquilos, existen las Custom Rules o reglas personalizadas. Aquí es donde defines qué puede hacer el agente solo y qué requiere tu visto bueno. Hay un sistema llamado Auto-review que filtra acciones sensibles, como el envío de correos, para evitar filtraciones. Eso sí, hay cosas que el Dot jamás hará: cambiar contraseñas o mover dinero son tareas que quedan estrictamente en manos humanas.
Planes, precios y disponibilidad

Aquí es donde la cosa se pone seria, porque no hay versión gratuita. El coste de mantener un ordenador encendido 24/7 en la nube es alto, por lo que los Dots están reservados para los planes de pago. Los usuarios de ChatGPT Pro (con tarifas que varían entre 100 y 500 USD) y los de Business Premium (unos 125 USD por usuario) tienen incluido su primer Dot sin coste extra.
Para las cuentas de Enterprise, Edu y Healthcare, el acceso es a través de una beta que el administrador debe activar manualmente. Un detalle importante es que, aunque las charlas con el Dot no gastan tus límites de mensajes, las tareas que el agente dispara en Codex o ChatGPT Work sí consumen la cuota de esos productos específicos. Además, hay que tener en cuenta que el despliegue en el Espacio Económico Europeo (incluyendo España) es más restringido para el plan Pro debido a normativas locales.
Integración en el entorno laboral: Slack, Teams y más
Para que no tengas que estar saltando de pestaña en pestaña, los Dots se integran en las herramientas que ya usas. Puedes hablar con tu agente vía Slack o Microsoft Teams, y lo mejor es que el contexto se mantiene: puedes empezar una tarea en la web y seguirla por chat sin repetir nada. Incluso se están probando integraciones con iMessage y RCS.
En entornos corporativos, el control es total. El administrador de Enterprise puede gestionar los permisos y roles desde la configuración del workspace. No obstante, existe el riesgo de la «IA no autorizada», donde un empleado usa su cuenta Pro personal para conectar el Dot al correo de la empresa, saltándose los controles internos.
Riesgos y consideraciones finales
No todo es color de rosa. Uno de los puntos más delicados es la memoria persistente. Si desconectas una aplicación, el Dot deja de acceder a ella, pero no olvida lo que ya leyó. Para borrar esos recuerdos, la única opción es eliminar el Dot por completo. Además, OpenAI advierte que estos agentes pueden ser vulnerables a instrucciones maliciosas insertadas en correos o documentos que el agente lea.
En el mercado, Dots coloca a OpenAI en una pelea directa contra Microsoft y Google. Mientras que los otros ya tienen sus suites de oficina, OpenAI apuesta por ser la capa de entrada al trabajo. El reto es pasar de una demo brillante a una herramienta que las empresas confíen para procesos críticos sin miedo a errores.
Esta nueva arquitectura de agentes persistentes basados en GPT-6 Astra transforma la IA de un simple buscador a un colaborador autónomo con identidad propia y recursos informáticos independientes. A través de planes Pro y Business, los usuarios pueden delegar responsabilidades continuas en entornos como Slack y Teams, siempre bajo un marco de reglas personalizables y supervisión humana para mitigar riesgos de privacidad y seguridad en la nube.